TORTUGA y Corre con nosotras

CORRE CON NOSOTRAS es un club de atletismo formado en sus inicios por mujeres veteranas. A dia de hoy ya contamos con nuestras primeras compañeras senior. La filosofía de nuestro club es la de disfrutar, correr sin miedos ni complejos. Que la creación del club sirva para fomentar este deporte entre las mujeres, así como aumentar su participación en las carreras populares. Desde el momento en que nos ponemos el dorsal ya hemos ganado, no importa el tiempo ni el puesto. Nos gusta correr.

Muchas veces lo que cuesta no es correr, es buscar ese momento para nosotras... y muchas veces lo tenemos delante nuestro y no lo vemos... hasta que estás enganchada a correr y ya no te sientes mal por disfrutar de tu tiempo, ya que hace que te sientas mejor contigo misma y mejor madre cuando llegas sudando a casa, porque sonríes a tu pareja de otra manera al entrar por la puerta...porque te sientes importante... te has encontrado a ti misma durante el ejercicio...

Me encantan las carreras populares, ir con mis hijos, quienes también participan ya, animar a mi marido y amigos, tanto me gustó el ambiente que decidí participar yo también en ellas. Yo siempre gano cuando corro. Gano un montón de cosas...



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miércoles, 20 de abril de 2011

LA MARATÓ. Por MOIRA

15000 personas reunidas para correr 42 kilómetros y 195 metros por las calles de Barcelona parece una locura, y seguramente lo es. Pero a las 8.30 de la mañana, cuando la élite ya ha salido disparada y esperamos pacientemente nuestro turno para cruzar el arco de salida, lo que parece es que es lo lógico, lo más natural que se puede hacer un día como hoy, 6 de marzo, en medio de los carnavales y dos días antes del día de la mujer.



Foto: ANIMACIONES PÉREZ

Las aglomeraciones humanas suelen ser odiosas, pero en esta todos nos sentimos acompañados, por los otros corredores, por las legiones de familiares y amigos, por los speakers que calientan el ambiente en tres lenguas, por toda la ciudad.

El día anterior, desde una terraza de la Barceloneta, el maratón parecía una hazaña imposible, pero ahora va a haber que intentarlo.

Con la primera zancada, lo que queda por delante es un misterio, toda una aventura hasta volver al punto de partida. La carrera empieza subiendo y los primeros kilómetros son de tanteo, temo emocionarme y pagarlo más tarde, no me gustaría volver a repetir la experiencia del año pasado en mi primer maratón.

Todavía no hay demasiado público, nos miran con curiosidad, algún ánimo aislado. No me siento muy cómoda, tengo dudas, creo que debería haber salido con una idea más clara de ritmos y tiempos de paso, pero preferí improvisar, y ahora estoy un poco despistada, probando.

Me he colocado muy atrás en la salida, y el ritmo de la gente que corre a mi lado me parece más lento de la cuenta, sigo sin forzar, pero voy avanzando posiciones. Sea lo que sea, quiero que esta segunda maratón sea una experiencia positiva, y paro en cada avituallamiento para beber.

Me abstraigo bastante cuando corro, pero a veces mi atención se distrae. El perro perdido que se cruza excitado entre la maraña de piernas, ¡lo van a pisar! Menos mal que unos espectadores lo han interceptado, espero que encuentre pronto a sus humanos.

Las indumentarias y procedencias de los corredores y animadores: japoneses, daneses, suizos, franceses…; marzo despista, algunos van demasiado abrigados; otros llevan elaboradas cartucheras cargadas de energía en todos los formatos posibles; en las camisetas: un poco de filosofía pop, solicitudes de ánimo, declaraciones diversas, estilos de vida e identidades, recuerdos de carreras por el mundo entero; un conato de reyerta entre dos espectadores por culpa de una bandera; las personas mayores que sacan su silla al balcón para ver pasar los corredores…

La subida hacia la media maratón se vuelve agobiante, no me gusta, la calle se estrecha, demasiados cuerpos, me cuesta encontrar un hueco, correr a gusto, y me marea el paso continuo de los que nos preceden y con los que nos cruzamos.

Necesito un cambio. El tiempo que llevo a mitad de carrera me servirá salvo catástrofe para mejorar mucho la marca de mi primer maratón, he sido muy prudente, pero ahora me parece un poco decepcionante, quizá debería arriesgar algo.

Comienzo a acelerar y me voy encontrando mejor. Sigo parando en los avituallamientos a beber, pero intento mantener un ritmo constante un poco más rápido que el que llevaba. Mucho mejor, ahora corro feliz, no miro el reloj, simplemente me dejo llevar, creo que sonrío. No hay nada más que el correr, aunque ahí fuera del carril central por el que circula la masa de corredores, hay mucha vida: desde la reivindicación del Tibet libre hasta clases de spinning, todo un mundo paralelo en las orillas del río de corredores.



Foto: ANIMACIONES PÉREZ

Los gritos de ánimo son cada vez mayores: “Vinga noia! Allez! ¡Vamos!” Una voluntaria a la que le quedaba una sola botella de isotónico en la mesa me localiza y me llama por mi nombre, para dármela precisamente a mí.

Llega el kilómetro 30, la amenaza del muro, pero yo voy cada vez más deprisa, cada vez más fuerte, cada vez mejor, aunque mi subconsciente sigue esperando el momento en el que, de repente, me quede sin fuerzas. La carrera discurre ahora a la orilla del mar y comienzo a ver gente caminando, parada, atendida.

En el Arco del Triunfo espera G. con la cámara fotográfica en la mano, qué alegría, Animaciones Pérez nunca falla. Seguro que ya habrán pasado por aquí mis amigos J. con su velocidad inimaginable y H. con quien he compartido algunos entrenamientos y muchas preocupaciones y especulaciones sobre las cosas del correr.

O. vendrá un poco más atrás, espero que sus molestias le permitan al menos terminar. Otras dos amigas más han venido a Barcelona: Y. está de turismo, pero sé que volverá a correr un maratón. A M. tendremos que convencerla para el primero, hoy no se nos ha sumado, pero se ha traído las zapatillas y ha madrugado con los maratonianos para salir a entrenar. Me acuerdo también de R., que no ha podido acompañarnos a Barcelona, he echado de menos sus consejos esta vez.

Sé que los últimos kilómetros son cuesta arriba, pero no lo aprecio. Milagrosamente sigo acelerando, cuesta trabajo adelantar, las calles de la zona vieja son estrechas y hay mucho público, pido paso, recuerdo lo lenta que iba en mi primer maratón a estas alturas. Hoy es muy diferente, me siento eufórica, enfilo la recta final y no creo lo que veo en el reloj.

Si aprieto un poco más voy a bajar de mis previsiones más optimistas para esta carrera, me sorprendo de ser todavía capaz de acelerar para cruzar la meta.

Hay que parar, pero no resulta un alivio, me hubiera gustado prolongar esa sensación de triunfo, tan intensa para un logro tan insignificante
. El voluntario que me quita el chip de la zapatilla me da la mano y una enhorabuena que seguramente no merezco. Se supone que el maratón es una historia de sufrimiento, pero creo que no he dejado de sonreír en esta espléndida mañana primaveral.

Total de llegados: 12470
Mujeres llegadas: 1507 (12%)
Categoría S23F (entre 18 y 23 años): 20
Categoría SeniorF (entre 23 y 34 años): 455
Categoría W35 (entre 35 y 44 años): 537
Categoría W45 (entre 45 y 54 años): 407
Categoría W55 (entre 55 y 64 años): 76
Categoría W65 (más de 65): 9

MOIRA.

martes, 5 de abril de 2011

LA SONRISA DE UNA TORTUGA

Había una vez una tortuga que un día, cuando ya tenía más de cuarenta años, descubrió que dando un paso más rápido que otro podía correr. Descubrió que corriendo era feliz. Hasta se animó a participar en carreras populares, donde a pesar de entrar cerrando carrera siempre ganaba un montón de cosas.


Pero un día la tortuga empezó a tener dolores en una de sus patitas y tuvo que dejar de correr. Fueron meses duros y largos pues cada vez que parecía que la cosa iba un poquito mejor su patita volvía a dar la lata.

Pasó un año. LLegó de nuevo el frío invierno y otra vez el mes de diciembre en el que las molestias y dolores acechaban de nuevo en cuanto intentaba dar un paso más. Cansada y desmoralizada la tortuga pasó casi un mes sin salir a caminar ni hacer nada de nada... tampoco es que hiciera mucho antes, cuando llegaron las fiestas y con ellas las tan esperadas san silvestres...

Como siempre desde hace ya muchos años por esas fechas, la tortuga acudió a su cita anual, donde degustando una cocacola contaba cosas sobre el año que acababa de pasar. Y antes de que la diera tiempo a quejarse ya la estaban preguntado por la que sería la segunda san silvestre de su ciudad, cuéntanos... a que hora es, cuanta distancia, de donde sale... queremos ir este año... y... la temida pregunta: ¿tú vas a ir?

Uff !!!! creo que son cinco kilómetros, ya me entero y os cuento, pero es que yo... uf, mi patita..., un mes sin hacer nada, el dolor, el día después...

La tortuga se enteró enseguida de todos los pormenores y decidió acudir a verlas correr. Faltaban siete días. Siete días en los que la tortuga iba añadiendo mentalmente algo más a su indumentaria para ir a ver ese día la carrera. Por supuesto iré con mis playerines, y llevaré la camiseta del club, hay que hacer publicidad, y bueno, ya que no traje la malla de correr que me deje prestada la suya quien yo me sé, claro que me dirá que no se la reviente... jajaja...!!! que chistoso.!!!!

Es una san silvestre solidaria, también puedo participar y tener un dorsal. Puedo caminar..., Pero no, no voy a correr, no puedo, es una locura... Bueno os veo allí un rato antes. "Sí ya sabes que vas a correrla ¿para que te engañas a tí misma diciendo que sólo vas a verlas? Luego no quiero oírte todo el día que si me duele mucho, que te has pasado... "

Ufff ufff uffff!!! madre lo que hay que aguantar, pero si no voy a correr... mira, yo voy hasta allí, veo el ambiente, caliento un poquito y.... y si me duele pues paro...

Está bien, no puedo engañarme más. Voy a correr. Sí, voy a correr. Total el pie me duele igual aunque no corra. Muy mal hecho, ya lo sé, pero no me importa. O el pie acaba conmigo o yo acabo con él. Es 31 de diciembre y hace una tarde preciosa de verano.


Ya tengo puesto el dorsal. A lo lejos veo caminar hacia mí una camiseta de un querido y amigo color azul, es alguien de XENTE CORRENDERA. Conozco a Platas en persona. Está visitando a la familia y no pierden la oportunidad de correr juntos. Será uno de mis fans en la carrera y no dejará de animarme cada vez que nos crucemos. Por fin reunida la tropa nos hacemos alguna foto de recuerdo y calentamos un poquito. Hablo un par de veces con Asturias, ¡¡¡ chicas !!!! que me tiro al foso!!! Están a punto de dar salida sus san silvestres.


Hemos pasado un previo a la carrera en el que nos hemos reido y contagiado los nervios mutuamente. Coqui sigue pensando que estamos locas y que pasaremos frío en manga corta...


Por fin llegó el momento. Qué nervios y que tensión...!!!! El pie molesta pero no pienso en él. Nos confirman por megafonía el recorrido a realizar. LLega el momento. Ha pasado mucho tiempo desde el 3 de octubre del 2009 en Colunga y su popular carrera del jurásico. Por fin la salida !!!


Los primeros 30 segundos son una mzecla de emociones, recuerdos, sensaciones, tengo la mente atiborrada de cosas, me siento como en una nube, me acuerdo de un montón de personas que durante esos últimos 14 meses me han estado animando, personas que he ido conociendo y han puesto su granito de arena para que siguiera disfrutando del correr incluso a través del ciberespacio.


De repente espabilo, tengo un dorsal pegadito a mí, estoy corriendo la san silvestre, son dos vueltas y media. "El pie puede explotar en cualquier momento, así que aprovecha por lo menos y disfruta una vuelta", me digo. Consigo llegar a la altura de las chicas... estoy corriendo en una carrera!!! Empiezo a sonreir y no paro... ni de correr ni de sonreir!!!!!!!!!!


Paloma, Toya, Coqui y yo vamos juntas un rato, Camino nos sigue acompañada de una amiga. La foto no es buena pero la ocasión bien que la merece. Me lo estoy pasando fenomenal !!!! La primera vuelta la aguanto bien pero a partir de la segunda el pie ya da guerra, sin embargo yo sigo sonriendo. La media vuelta final consigue que salga fuego del asfalto cada vez que mi pie pisa el suelo, pero mi sonrisa es aún más grande y más fuerte que el dolor, y llena de una alegría y una energía desbordante cruzo la línea de meta junto a Toya y Coqui, quien finalmente reconoce que algo de calor pasó al final, menos mal...!!! Supongo que hay que formar parte de esos locos que corren para poder entenderlo. En meta, sonriente, me espera Platas, todo un detalle amigo. Esa noche duermo con la sonrisa puesta y la bolsa de hielo, que me acompañará varios días... Pero eso es otra historia.


Toya, cuídate ese esguince. AQUÍ, las fotos. Mas vale tarde que nunca.